Alemania lucha contra su desesperante burocracia: dos años para aprobar la construcción de una casa, 12 la de una carretera y 18 la de un ferrocarril

La lista de enemigos de Alemania se ha hecho grande en los últimos tiempos. EEUU ha pasado de ser destacado comprador y garante de la seguridad a pesadilla arancelaria y azote de la OTAN. China ha pasado de excepcional cliente de productos de alto valor añadido a feroz competidor en sectores como la automoción. Rusia ha pasado de apacible administrador de gas en ‘tarifa plana’ a verdadera amenaza geopolítica. Sin embargo, hay un enemigo que siempre ha estado ahí y que no viene de fuera de Alemania: una desesperante burocracia que ahora complica los planes del país para ponerse las pilas y reactivar su economía en la hora más grave de las últimas décadas. Aunque en Berlín se han apresurado a lanzar sacas de billetes (en sentido figurado, por supuesto) desde las ventanas del Bundestag (el Parlamento nacional) para fomentar las inversiones, el atasco en los trámites burocráticos es un palo en las ruedas mayor del que se pueda creer.

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