La recuperación económica de China tras el coronavirus pierde tracción y las malas sensaciones se unen a unas debilidades estructurales que han vuelto al debate. El gigante asiático se asoma a la trampa de la deflación -consumidores y empresas retrasarán sus decisiones de compra e inversión esperando que bajen más los precios amenazando con una espiral- mientras viejos elefantes como un sector inmobiliario tan grande como turbulento siguen estando en la habitación. Cualquier rumbo que tome Pekín en esta encrucijada traerá aparejadas dificultades. No hay camino fácil y el recuerdo de la ‘década perdida’ de Japón acentúa el dilema de las autoridades.