La guerra lo ha cambiado todo. Hasta ahora, los países del Golfo, que nadaban en un mar de dinero del petróleo, habían optado por lanzar enormes programas de gasto para encontrar rentabilidades alternativas cuando fallara el oro negro. El ejemplo paradigmático ha sido Arabia Saudí con su Visión 2030 en la que se ha lanzado a proyectos faraónicos de todo tipo, desde comprar Electronic Arts, coches eléctricos, minas, placas solares en el desierto, o fichar a Cristiano Ronaldo y Karim Benzema para su liga. No ha sido la única: países como Catar y Emiratos han construido verdaderos imperios de la inversión. Sin embargo, ahora, con muchas de sus refinerías ardiendo, enormes gastos que afrontar por el conflicto y una sacudida económica comparable con la pandemia, las grandes capitales del Golfo Pérsico están dando marcha atrás y reorientando su estrategia.