En 1989, el politólogo Francis Fukuyama declaró que la humanidad había alcanzado el fin de la historia. El triunfo definitivo del liberalismo occidental, el fin de las guerras ideológicas, la convergencia inevitable hacia un modelo único de organización política y económica. Durante tres décadas, esa tesis parecía confirmarse. EEUU se convirtió en la potencia indiscutible, el comercio internacional se multiplicó bajo el ‘control’ de EEUU y sus organizaciones, los bancos centrales de los países ricos vendieron su oro porque ya no lo necesitaban, y los mercados emergentes acumularon billones de dólares en reservas. Ese mundo, el mundo cómodo del orden unipolar, ha terminado. Un nuevo informe del Deutsche Bank Research Institute asegura que el fin de la historia ha llegado, a su vez, a su fin. El banco alemán anuncia una transición en la que el oro cobra relevancia y el dólar podría empezar a ocupar un papel menos relevante.