Resulta curioso como en el mundo hay economías que siendo tremendamente ricas en recursos naturales (petróleo, minerales…) tienen un nivel de desarrollo relativamente bajo, mientras que otras que apenas tienen recursos naturales terminan siendo muy desarrolladas. Este último caso es el de Dinamarca. Una economía que, con un clima hostil y pocos recursos naturales, ha tenido que progresar a base de ingenio, instituciones sólidas y fiables, un sistema educativo superior de gran calidad, facilitando la creación de negocios, atrayendo capital y generando un marco adecuado para crear uno de los mercados laborales más admirados del mundo (la flexiseguridad). Todo ello ha creado el caldo de cultivo idóneo para que algunos de los fármacos punteros se produzcan en Dinamarca y sirvan hoy para impulsar la economía, como si de un hallazgo de petróleo se tratase.