En España es habitual tener una cuenta conjunta compartida con algún familiar en la que ambos son titulares, teniendo libertad de movimiento para retirar o ingresar dinero según creamos conveniente. No obstante, cuando uno de los dos fallece hay que tener en cuenta que el saldo queda parcialmente paralizado para el superviviente, que necesita una autorización de los herederos del otro para actuar sobre los depósitos.