Algo ha cambiado definitivamente en el BCE. Si bien la institución antes del conflicto estaba en un debate sobre posponer los recortes que parecían destinados, su última reunión dejó claro que la institución estaba dispuesta a intervenir en el precio del dinero. El mercado sigue pidiendo tres subidas de tipos para este año, empezando en abril, y esa demanda está muy cerca de convertirse en realidad. Durante algún tiempo, esas subidas eran solo una tesis, condicionada al desarrollo de la guerra. Una nueva sensación empieza a dominarlo todo e incluso aparece directamente en boca de miembros del Consejo de Gobierno del banco central: el daño ya está hecho e incluso si hay paz, los tipos subirán pronto y el BCE ya tiene que pensar en términos de guerra.