España vuelve a situarse en el foco de las agencias de calificación. Casi dos décadas después de la euforia de la anterior burbuja inmobiliaria, el país encara revisiones al alza en su deuda soberana gracias a un crecimiento que supera la media europea y a unas cuentas públicas más equilibradas, pero no está siendo la remontada más espectacular de los países que más sufrieron tras la crisis de 2008. La deuda española antes del episodio traumático tenía la triple AAA, codeándose con Alemania.