Hay una ciudad que sirve de ejemplo perfecto de los problemas que derivan de la política de hijo único que se aplicó en China durante décadas. Se trata de Rudong, en la provincia oriental de Jiangsu. Allí se puso en marcha la medida de control de la población que prohibía a las parejas tener más de un descendiente y allí se observan ahora las consecuencias demográficas de aquella decisión.