Las cuentas empiezan a no salir en el Kremlin. El agujero por la financiación de la guerra en Ucrania no deja de crecer mientras la economía amenazaba zozobra (menos recaudación) y los menores precios del petróleo en el actual contexto menguan un ingreso clave para Moscú. Ante la amenaza de abismo fiscal, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha echado mano de la receta económica más antigua del mundo: subir los impuestos.