Independientemente de lo que hagan los bancos centrales, un nuevo ajuste crediticio llegará por sí solo y no necesitará de la intervención de la política monetaria. De ello se encargarán las últimas quiebras bancarias y la situación crítica de Credit Suisse. Con este panorama llegan los funcionarios a sus próximas reuniones, mañana la del Banco Central Europeo (BCE) y la semana que viene la de la Reserva Federal (Fed). En esta ocasión, el contexto asegura un poco más de restricción, se suban o no los tipos de interés y esto se haga a mayor o menor escala.