Juan nació en 1988, no tiene hijos y no es propietario de prácticamente nada… y menos de una vivienda. Sin embargo, sus padres, a su edad, tenían una casa pagada, dos coches en propiedad, otra casa en el pueblo, un apartamento en la playa y la vida medio resuelta… y todo habiendo tenido que criar (y pagar) a dos hijos. Esta reflexión, probablemente, recorre la cabeza de muchos millennials y otras generaciones posteriores. Las generaciones nacidas en las décadas de los 60 y los 70 en buena parte del mundo desarrollado y, sobre todo, en España han disfrutado de una economía que crecía con intensidad, de unos salarios reales que aumentaban con fuerza y, sobre todo, de un mercado de la vivienda en el que comprar era posible. Sin entrar a valorar si esas generaciones han vivido mejor que las actuales, sí parece evidente que los nacidos en esas fechas tuvieron más ‘sencillo’ escalar laboralmente (en términos salariales) o adquirir un inmueble sin hipotecarse durante toda su vida. La economía, aunque ha seguido prosperando estadísticamente, ha sufrido cambios importantes que generan a día de hoy brechas de riqueza generacionales y mucha frustración entre los ‘jóvenes’.