El sistema de pensiones español se enfrenta a varios retos en el corto, medio y largo plazo que, por ahora, están siendo parcheados a través de la deuda pública. Las transferencias del Estado para que las pensiones ‘cuadren’ en 2026 superarán ya los 50.000 millones de euros (en 2025 fueron 48.000 millones de euros). Esto revela, en parte, el tamaño del agujero que sufre el sistema, pero no explica del todo por qué este agujero no para de crecer. Muchos pensarán directamente en algo obvio: la inversión de la pirámide demográfica tiene toda la culpa. Sí, este desequilibrio importa y mucho a la hora de explicar este problema. Sin embargo, no es solo una cuestión de demografía, de que haya cada vez más jubilados. El problema de fondo es de otra naturaleza; este sistema promete y entrega a cada generación de jubilados bastante más de lo que esos mismos jubilados aportaron a lo largo de su vida laboral. En lenguaje técnico, esto se llama desequilibrio actuarial y en 2045 podría llegar a generar una situación en la que los pensionistas terminen recibiendo el doble de lo que han aportado al sistema durante su vida.