El problema de sentarse en casa y no hacer nada: una IA que acabe con el empleo creará un agujero fiscal que acelerará el círculo vicioso de la deuda

La Inteligencia Artificial (IA) ha venido para cambiarlo todo. O al menos ese es el tópico que más se debate en torno a un elemento disruptivo al que no se puede permanecer indiferente. Los informes y análisis, en segundo plano tras el repentino estallido de la guerra en Irán, venían abordando el fenómeno desde todos los ángulos posibles. El que más eco ha alcanzado recientemente es el del empleo. El temor a que las capacidades de la IA eliminen masivamente puestos de trabajo se ha propagado como la pólvora y el miedo a que industrias enteras sucumban supuso incluso fuertes correcciones en bolsa semanas atrás. Sin entrar a debatir la viabilidad de este pronóstico, fruto de un intenso y abigarrado debate ahora mismo, este potencial escenario incluye un riesgo que empieza a ser muy tenido en cuenta: las arcas públicas de los estados perderían su gran sustento, los impuestos al trabajo, y harían más profunda la trampa de la deuda que ya tienen bajo sus pies.

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