Si alguien dentro de la vasta industria alemana cree en el mal de ojo, ya tiene la explicación a lo que está sucediendo en los últimos años. Dentro de un marco de debilidad estructural por la pérdida de competitividad y el ascenso imparable de China como rival, la catarata de shocks exógenos que ha habido ha impactado con especial virulencia en el sector industrial que una vez dictó las reglas y fue espejo para el mundo entero. El parón del covid, la crisis energética por la invasión de Ucrania con el fin del gas ruso… y ahora la guerra de Irán. Cuando parecía que el titán manufacturero germano iba a levantar cabeza -no tanto renacer de sus cenizas-, la tensión en Oriente Medio ha vuelto a romper el sueño de la recuperación. Un indicador clave del sector que iba a salir del ‘terreno plano’ dos años después atestigua esta suerte de condena.