Los tambores de recesión suenan con fuerza en la eurozona y España no se escapa del sonido ensordecedor. No solo Alemania, la mayor potencia de la región, se encamina a un duro invierno. La actividad económica española, aunque no se contrajo (como sí sucedió en el conjunto de la zona euro), se ha estancado en agosto, y la incertidumbre de cara a los próximos meses es más que elevada. La confianza de los inversores en la zona del euro se desploma a niveles no vistos desde la irrupción del covid. Un escenario que añade aún más presión sobre el Banco Central Europeo (BCE), que esta misma semana tendrá que tomar una nueva decisión sobre los tipos de interés para hacer frente a la desbocada subida de los precios.