Si se decide salir a comer con varias personas, como por ejemplo con un grupo de amigos, es poco probable que todos ellos cuenten con el mismo presupuesto. Es más, es muy posible que cada comensal tenga un hábito o una predisposición de gasto propia, e incluso un apetito diferente. Por tanto, la situación varía no solo entre cada individuo, sino también en el mismo dependiendo de las circunstancias imperantes en el momento de la reunión social.