Casi todos los trámites de la vida adulta siempre tienen letra pequeña y entrañan dificultades con las que no se contaba en un principio. Puede suceder, por ejemplo, con la recepción de una herencia. Este acto, que se produce en unas circunstancias desagradables, no consiste en un rápido traspaso de los bienes del fallecido al heredero, ya que va de la mano con ciertos trámites y obligaciones.