La concesión de una pensión de incapacidad permanente tiene sus cauces, sus tiempos y sus procesos. No se ciñe a la gran mayoría de requisitos menos interpretativos como las de jubilación o viudedad (la llegada a una determinada edad, un fallecimiento…) y, por lo tanto, todo lo que rodea a esta prestación suele estar cargado de incertidumbre.