La crisis presupuestaria de Alemania podría tener ecos más allá de sus fronteras y de sus propias finanzas. Y no solo porque el interés de su deuda a dos años haya superado al de la portuguesa. Con la negociación de la reforma de la gobernanza económica en ciernes y la vuelta de la aplicación de las reglas fiscales a partir de 2024, Berlín podría endurecer aún más su postura, ya de por sí proclive a la disciplina.