Prácticamente da igual cuándo se lea esto: la industria alemana trae malas noticias. Tras alguna pequeña brizna de optimismo fundamentada en los grandes encargos en materia de defensa que está permitiendo el gran estímulo lanzado por Berlín, la realidad parece volver a imponerse. El otrora todopoderoso sector manufacturero alemán no acaba de arrancar y esta vez la ya crónica anemia de la ‘fábrica’ germana propina un golpe bastante psicológico: cuando 2026 estaba destinado a ser el año del resurgimiento del crecimiento económico, el comienzo no puede ser más desolador. El producto interior bruto de la mayor economía europea, que lleva un quinquenio prácticamente estancado, se encaminaba ya a una nueva contracción en el primer trimestre del año incluso antes de que el conflicto en Irán y su convulsión energética compliquen aún más el escenario.