La Reserva Federal, o cualquier otro banco central, tiene como arma más poderosa para domar a la inflación la subida de tipos de interés. Significa frenar la economía con condiciones financieras más duras, mayor coste en los préstamos y menos exuberancia en bolsa; para ralentizar el consumo, la inversión y en última instancia recortar el empleo. El manual básico de un banco central normalmente tiene efectos rápidos. La economía se para y la inflación baja. Sufren, sobre todo, los sectores que necesitan funcionar con buenas condiciones crediticias, como en el mercado de la vivienda o el comercio minorista. Pero esta vez, pese a que la Fed afronta esta semana su cuarta subida consecutiva de 75 puntos básicos, según casi todas las previsiones, se ha encontrado con una economía difícil de domesticar.