La inflación de Reino Unido se ha convertido por méritos propios en un caso particular. Sus máximos y su persistencia han ido mucho más allá de lo registrado en EEUU y la eurozona. Para los británicos se ha juntado lo peor de la crisis energética europea con lo peor del tenso mercado de trabajo de EEUU, espoleando una ola inflacionaria más que preocupante. En junio parece que, por fin, los precios se avinieron a la tendencia mundial.