En un momento en el que incluso el Gobierno ha terminado por reconocer que la falta de mano de obra es un riesgo para economía española, aunque confía en minimizarlo gracias a la inmigración, la Encuesta de Población Activa muestra una evolución inquietante: el número de personas dispuestas a trabajar, pero que no están disponibles inmediatamente para hacerlo, alcanzó las 334.100 en el tercer trimestre, un dato que supera en un 33% los niveles alcanzados en 2020, punto álgido de los confinamientos por la crisis del COVID 19, y en un 59,3% las cifras previas a la pandemia.