La Unión Europea se ha dado cuenta de que sus diferentes industrias se encuentran entre la espada y la pared y, en un contexto en el que su supervivencia está en juego, tiene que relajar los estrictos objetivos climáticos que golpean la competitividad de su sector secundario. El último caso fue la decisión del pasado diciembre de postergar el límite para prohibir la producción de los vehículos de combustión. Sin embargo, parece que ahora se prepara para otra medida en la misma línea para dar un balón de oxígeno a un sector en horas bajas: los contratos libres de emisiones.