El alto el fuego alcanzado entre EEUU e Irán ha dejado al mundo algo más tranquilo, pero trae consigo una lectura subyacente algo incómoda: tras seis semanas de ataques demoledores, EEUU e Israel no han podido imponer su abrumadora superioridad militar e Irán ha logrado resistir el duro embate. Con casi todas las cartas desfavorables y con el régimen descabezado casi en los primeros compases del conflicto, Teherán ha logrado mantener el pulso y el alto el fuego es la prueba de que, por el momento, ha evitado una rendición incondicional. De hecho, desde Irán se está vendiendo esta tregua como una cesión de un Washington donde empieza a cundir cierta desesperación y varios actores relevantes del país han hablado de un nuevo episodio ‘TACO’, las famosas en los mercados siglas en inglés de ‘Trump siempre se acobarda’. El ‘secreto’ de esta resiliencia de Irán reside en distintos factores que se han conjugado en estas semanas de conflicto y que van desde una rápida reacción ante cualquier eliminación del liderazgo hasta la ventaja geopolítica sobre el Estrecho de Ormuz pasando por las artimañas financieras del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán que ha demostrado instinto para los negocios.