El gran evento anual de los banqueros centrales estaba marcado en rojo en el calendario de los inversores. Las esperanzas de que, al menos en Estados Unidos, se vislumbrase una moderación de las políticas monetarias restrictivas se quedó en eso, en una vana esperanza. Si Powell dejó claro el viernes que la ‘mano dura’ de las subidas de tipos continuará para frenar la inflación, el sábado fue el turno de los participantes europeos, que tampoco cambiaron el diagnóstico.