En los últimos años multitud de hosteleros han mostrado su descontento para con las nuevas prácticas de los consumidores, que se muestran cada vez más ahorradores. Ahora, la mayoría prefiere comprar una ensalada o un bocadillo en el supermercado en lugar de sentarse a comer en un restaurante porque les sale más barato. Ante esta tendencia, la hostelería ha tenido que cubrirse las espaldas para mantener su facturación, por ejemplo cobrando la vajilla adicional de los platos para compartir.