Hay pocas jornadas en las que la sostenibilidad de las pensiones y la brecha generacional no ocupan titulares destacados en la prensa económica en España. Hace escasos días, la OCDE ha vuelto a señalar especialmente a España en esta delicada materia. En Francia, el debate sobre las pensiones se ha convertido en una cuestión de Estado. Si el anterior primer ministro François Bayrou dio un paso histórico pidiendo a los mayores generosidad con los actuales jóvenes, abriéndose un cráter que puede acabar en guerra generacional, el actual premier Sébastien Lecornu aguanta ‘con vida’ porque le ha prometido a los socialistas aplazar la discutida reforma de Macron que buscaba cierta sostenibilidad. Este giro ha desembocado en miles de análisis y avisos dada la crítica situación fiscal y de deuda pública de Francia. Sin embargo, en medio de toda esta discusión, han pasado más desapercibidas las implicaciones de la reforma parcial de las pensiones que se ha anunciado en Alemania y que puede causar un ‘agujero’ a tener en cuenta. Más aún si los intentos de tapar el creciente boquete, como algunos temen, hacen a Berlín tirar del generoso estímulo fiscal que ha aprobado el país para salir de la parálisis económica y ‘competir’ en un mundo cada día más complejo.