Las tropas del ejército ruso tocaban a las puertas de Kiev al poco de comenzar la invasión. Parecía que Putin podría tumbar al Gobierno de Zelenski mediante un ataque relámpago. El problema no estaba en el campo de batalla sino en los despachos de Bruselas y Washington, donde las sanciones económicas habían derribado al rublo, provocado una amenaza de corralito, dejado a los mercados cuesta abajo y sin frenos, y el golpe económico amenazaba con desestabilizar por completo el país.