La crisis está llegando a Rusia por todos los frentes. La economía del país se está viendo asediada por la amenaza de una recesión, una inflación de casi el 10%, un incremento preocupante en los préstamos con alta probabilidad de impago que acumulan los bancos, y ahora, por el mayor déficit fiscal que ha experimentado el país desde que hay registros. En los primeros seis meses del año, el Gobierno ha tenido un saldo negativo de 61.800 millones de dólares, muy por encima de los niveles que se llegaron a alcanzar incluso durante la pandemia, y confirma que el país no puede permitirse el gasto que está asumiendo por la guerra. Las sanciones al país están haciendo mella en las cuentas públicas, después de que los ingresos por la venta de petróleo se hayan hundido en el último año. La guerra en Ucrania está pasando factura por distintos frentes y las presiones son cada vez más altas para terminar ese conflicto, en un momento en el que las sanciones al país por parte de Europa y Estados Unidos están surtiendo efecto.