La retahíla de halagos que ha recibido la economía alemana a lo largo de la última década no tiene fin. En muchos casos se ha hablado incluso de milagro. No cabe duda que buena parte del mérito corresponde a políticas largoplacistas y racionales en materia laboral o educación. Pero hoy, también se puede decir que parte del éxito alemán se ha debido sin duda a los años de energía barata (gracias al gas ruso) que han permitido a la industria alemana ser competitiva en un mundo globalizado. Esa ventaja energética está desapareciendo y con ella Alemania se podría enfrentar a un éxodo de empresas cuya viabilidad está en el aire si los costes energéticos se mantienen altos por mucho tiempo.