Las andanadas desde Alemania al BCE por lo que consideran una excesiva lentitud en aplicar políticas monetarias restrictivas ante la elevada inflación no son nuevas. En el país germano sigue arraigado el temor a una hiperinflación como la que vivieron en los años 20 con la República de Weimar. Es habitual que políticos, medios (Christine Lagarde es ‘Madame Inflación’ para algunos periódicos nacionales) y autoridades económicas disparen hacia el ‘cuartel’ del banco central de la Eurozona, radicado, para más ‘inri’, en Frankfurt. Sin embargo, cuando las críticas vienen de un alemán, sí, pero que fue el primer economista jefe del BCE y considerado uno de los ‘padres’ del euro, la cosa cambia.