Con la presión de Rusia al este y la desconfianza de Estados Unidas al oeste, los miembros de la OTAN se han puesto las pilas. Por primera vez en la historia de la Alianza Atlántica, todos los países miembros han alcanzado la cota del 2% del PIB en gasto militar. La única excepción es Islandia, que por una cláusula especial no cuenta con Fuerzas Armadas ni obligaciones presupuestarias a cambio de albergar bases de la OTAN. En el caso de España, Madrid ha alcanzado el hito marcado en la cumbre de Gales de 2014 después de que el Gobierno inyectara más de 10.000 millones de euros de manera extraordinaria sin pasar por el Congreso. En conjunto, el gasto militar español se ha incrementado un 46% en un año.