Algo ha cambiado en la ‘gran fábrica’ china. Al tiempo que Pekín domina con puño de acero en el suministro mundial de coches eléctricos, la tradicional hegemonía de China en la industria mundial de la confección se está desmoronando. El sector textil del gigante asiático se está empezando a deshilachar, debilitado por el aumento de los costes, las restricciones regulatorias y una especialización poco rentable. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y su política comercial agresiva podrían acelerar la diversificación de las cadenas de suministro. En este escenario, son varios los países que están llamados a desempeñar un papel creciente en la producción mundial de ropa.