Panamá lleva paralizada casi tres semanas por una mina de cobre en el país, que es también una de las mayores de Latinomérica. Los ciudadanos encadenan protestas desde el 20 de octubre contra la extensión de la actual concesión porque consideran que daña sus recursos naturales. El caos es tal que, en estas semanas, se han modificado las leyes, se ha convocado y desconvocado un referéndum para que los panameños decidieran sobre el futuro del yacimiento y miles de turistas han cancelado sus viajes a la nación centroamericana. El desastre político y económico es total.